LARUICCI X REVISTA BLEU

Mario: Un modelo para el R&B atemporal

 






Cárdigan y abrigo azul Laruicci.





Antes de las listas, antes de los discos de platino y las giras con entradas agotadas, Mario era un niño de Baltimore que aprendía a sobrevivir. Nacido y criado en la ciudad, creció en una casa llena de gente donde 18 personas compartían un mismo techo, ancladas por su madre y su abuela, la mujer a la que atribuye ser el pilar espiritual y emocional de su vida. Ella era temerosa de Dios, incansable y tenía tres trabajos para mantener unida a la familia. A través de ella, Mario aprendió pronto que la familia siempre es lo primero, y que la fortaleza a menudo se parece a un sacrificio silencioso.

Entre los seis y los diez años, Mario dice que desarrolló muchas de las habilidades de supervivencia que más tarde lo llevarían a través de la industria musical. "Tuve que adaptarme rápido", explica. Ese instinto se agudizó aún más cuando fue adoptado a los 13 años, un punto de inflexión que lo obligó a leer el comportamiento humano, navegar por nuevos entornos y madurar antes de tiempo. Esas primeras lecciones de conciencia y resiliencia definirían más tarde cómo se movería a través de la fama.

La música, sin embargo, siempre fue su refugio. Criado en la iglesia, Mario cantó en el coro desde una edad temprana, no cualquier coro, sino uno de adultos. Como la voz más joven rodeada de cantantes adultos, fue impulsado a competir a un nivel superior. Exigía precisión, control y profundidad emocional. "Eso es lo que me hizo un vocalista", ha dicho. La banda sonora de sus abuelos —jazz, R&B y hip-hop— sonaba constantemente en casa, incrustando el ritmo y el alma en su ADN mucho antes de que él imaginara una carrera.

Al principio, Mario no soñaba con ser artista. Simplemente amaba la música. Ese amor se cristalizó en confianza cuando comenzó a competir en concursos de talentos alrededor de los 11 años. La fe de su abuela en él le dio valor. A los 11 años, ya llamaba la atención, cantando famosamente "I'll Make Love to You" en un concurso de talentos de la Universidad de Coppin State, un momento a menudo citado como su descubrimiento. Pero Mario se apresura a replantear esa narrativa: su familia lo descubrió primero. Conocer a Dru Hill poco después hizo que las posibilidades parecieran reales.

La escuela era complicada. Mientras asistía a Milford Mill Academy, Mario se rebeló, luchando por equilibrar la estructura con su talento en rápida expansión. Fue su profesor de música, el Sr. Price, quien lo ayudó a redirigir su camino, incluso salvándolo de la expulsión. Mario solo iba a la escuela para la clase de música, aferrándose al único espacio donde se sentía comprendido. Esa tutoría resultó ser un cambio de vida.

Alrededor de los 15 años, todo se aceleró. Reuniones, audiciones y viajes entre Nueva York y Nueva Jersey, y luego un contrato. Reflexionando sobre ese momento, Mario dice: “Lo que me pareció más surrealista fue dejar Baltimore y mudarme a Jersey y conseguir un contrato en un lapso de un año o año y medio. Mi vida dio un giro de 360 grados. Todo se movía tan rápido que sentía que estaba viendo una película”. La ausencia de su abuela durante esas transiciones pesó mucho. La fama llegó rápidamente, y la infancia terminó igual de rápido.

Esa búsqueda de la atemporalidad está profundamente arraigada en el linaje musical de Mario. La influencia de Sam Cooke, Marvin Gaye, Michael Jackson y Stevie Wonder no se lleva como nostalgia, sino que está tejida en su fraseo, su contención y su reverencia por la melodía. A lo largo de su catálogo, Mario ha rendido homenaje constantemente a los arquitectos del soul, no por imitación, sino honrando su compromiso con el sentimiento, la narración y el propósito. Su música existe en conversación con la de ellos, uniendo generaciones a través de la sinceridad.

Hubo temporadas, sin embargo, en las que Mario eligió el silencio en lugar de la visibilidad. Apartarse del ojo público nunca fue un retiro, sino un refinamiento. “Hay múltiples fases en las que me retiré porque necesitaba estudiar los ciclos, la energía y hacia dónde iban las cosas”, explica. Nunca vio esos momentos como tiempo perdido. En cambio, fueron recalibraciones necesarias, períodos de alineación que le permitieron regresar con una intención más aguda y una claridad más profunda.

 

 

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 Esa claridad vibra a través de su último EP, Mood Swings, un proyecto que abraza la vulnerabilidad como fortaleza. Explorando los picos y valles emocionales del amor, la música está diseñada para sentirse íntima, para crear un ambiente en lugar de perseguir una tendencia. Llega mientras Mario asume quizás su papel más transformador hasta ahora: la paternidad. Esperando a su primer hijo, un varón, habla con tranquila convicción sobre la presencia: aprender a estar quieto, a escuchar, a presentarse por completo. “No quiero que mi hijo tenga que buscar esa presencia masculina en el mundo”, dice. Esa devoción se abre camino en su música, particularmente en “Home”, una canción moldeada por la gravedad de convertirse en el lugar seguro de alguien. En su gira Nothing But Us, Mario se encontró cara a cara con fans que han crecido junto a él, revisando un catálogo que ahora lleva memoria, significado e hitos. La nostalgia era palpable, pero también lo era la afirmación: Mario no es un capítulo del pasado del R&B, es una constante en su presente. Para él, el legado no es un destino sino una práctica diaria. Es cómo honras tus dones, cómo colaboras y con qué intencionalidad te mueves por el mundo. La atemporalidad, a los ojos de Mario, es cuando el propósito y Dios.

 

 

Fuente: https://bleumag.com/cover-story/mario-a-blueprint-for-timeless-rb/

 

 

Créditos:

FOTÓGRAFO: HARVEY JACKSON
ESTILISTA: CHRIS SANDFORD
PEINADO Y MAQUILLAJE: KAYE MAKEUP

 

 



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